Descripción

El trabajo es mucho más que un sueldo a fin de mes. Es identidad, conexión con otros y sentido de propósito. Cuando las personas acceden a un empleo estable y con significado, tienden a experimentar mayor autoestima y menos estrés. Cuando el trabajo falta o es precario, aparecen la incertidumbre, el aislamiento y la pérdida de autonomía económica. Y esos efectos se amplifican cuando se suman otras vulnerabilidades, como la edad avanzada, la condición migratoria o un trastorno mental severo. Esta línea de investigación estudia el empleo como un determinante fundamental de la salud mental.

Para muchos grupos, sin embargo, las puertas del mundo laboral siguen entreabiertas o cerradas. Las prácticas discriminatorias de contratación, la falta de adaptaciones en los lugares de trabajo y la ausencia de políticas de apoyo dificultan que las personas con condiciones de salud mental consigan o mantengan un empleo. Las personas mayores enfrentan edadismo, y quienes migran en condiciones precarias chocan con barreras lingüísticas y regulatorias. A eso se suma el estigma y el autoestigma (el que las propias personas internalizan), que disuade a muchas incluso de intentarlo. Y estas desventajas se cruzan entre sí: género, origen étnico y salud mental pueden acumularse en una misma trayectoria.

La falta de trabajo estable intensifica la inseguridad habitacional, reduce el acceso a salud de calidad y limita las oportunidades educativas, alimentando un ciclo de desventaja del que es muy difícil salir, con empleos precarios o informales, estigma persistente y pocas posibilidades de mejorar la situación socioeconómica. La pandemia profundizó estas brechas. Pero la evidencia también muestra que la precariedad laboral es el resultado de políticas específicas y, por lo tanto, puede cambiarse.

Reconocer la centralidad del trabajo para el bienestar orienta el camino: se necesitan políticas laborales inclusivas y basadas en derechos, que enfrenten la discriminación y promuevan condiciones equitativas, junto con legislación protectora, compromiso de los empleadores e intervenciones de apoyo. Los beneficios van más allá de cada persona. Cuando los grupos históricamente marginados acceden a un trabajo con sentido, se fortalecen la inclusión social, el desarrollo económico y la cohesión de las comunidades. La pregunta que guía esta línea es cómo lograr que ese acceso deje de ser la excepción.