Descripción
Además de cambiar de territorio, llegar a un país nuevo muchas veces implica enfrentar un mercado laboral precario, una vivienda difícil de conseguir y un trato que no siempre es acogedor. La población migrante en Chile ha crecido con fuerza en los últimos años, pasando de 1,3 a casi 1,9 millones de personas entre 2018 y 2023, y esa mayor presencia ha venido acompañada de experiencias cotidianas de discriminación que afectan directamente la salud mental. Esta línea de investigación busca comprender esas experiencias para transformarlas.
Lo que vive una persona migrante no puede entenderse solo desde lo individual. En el plano de las políticas, los marcos migratorios y las representaciones mediáticas negativas reducen el acceso a la vivienda, la salud y el empleo. En el plano de las instituciones, empleadores, centros de salud y municipios muchas veces carecen de políticas inclusivas o de capacitación para responder a esta población, dejando brechas concretas en la atención. Y en el día a día, las barreras del idioma y la cultura se combinan con la discriminación para intensificar el estrés y la ansiedad.
Esta línea adopta una mirada interseccional: no busca explicar el malestar psicológico solo por lo que cada persona trae consigo, sino por cómo se entrecruzan las decisiones de política pública, las prácticas institucionales y las condiciones concretas de vida. Es una forma de mirar que reconoce que detrás de cada cifra hay una historia de desplazamiento, adaptación y, muchas veces, resistencia.
El objetivo es entregar evidencia útil para quienes diseñan políticas migratorias, para las organizaciones que trabajan con estas comunidades y para quienes definen los servicios que las reciben, de modo que la creciente diversidad de Chile se traduzca en mejores condiciones de salud mental e integración social para todas las personas que eligen este país como su nuevo hogar.

