En columna para El Desconcierto, Álvaro Jiménez de CIADES escribe sobre el suicidio masculino:

"La literatura académica enumera los factores de riesgo del suicidio masculino. Una lista conocida, reordenada como inventario de fragilidades. Entre los más comunes, los mismos fantasmas de siempre: estar solo, desempleo, deudas y pobreza, haberlo intentado antes, alcohol y drogas, cargar con un trastorno depresivo. En los grandes registros asoma otro factor: cuando la fragilidad económica aprieta, los hombres parecen recibir el golpe con más fuerza que las mujeres. El agobio cotidiano, el estrés laboral o financiero –que en sus extremos desembocan en la sensación de estar atrapado– pueden erosionar la sensación de control sobre la propia vida. Pero la ecuación es doble: la precariedad material se enlaza con el mandato de resistir en soledad. Y así crece el riesgo de suicidio".

Jiménez cuestiona una explicación puramente psicológica o individual. Reconoce factores conocidos —depresión, consumo de alcohol y drogas, desempleo, deudas, intentos previos, aislamiento—, pero plantea que no basta con enumerarlos. Hay que mirar las condiciones sociales y culturales que hacen que determinados hombres sean más vulnerables.

El concepto clave es “masculinidad hegemónica”: la idea de que los hombres deben ser fuertes, autosuficientes, competitivos, emocionalmente controlados y capaces de resolver sus problemas solos. Esa norma puede hacer que pedir ayuda sea vivido como fracaso o debilidad. El sufrimiento, además, puede no aparecer como tristeza: puede expresarse como irritabilidad, desconexión o agresividad, comportamientos que socialmente incluso pueden ser considerados propios de la masculinidad.

Por eso, el argumento final es bastante claro: para prevenir el suicidio masculino hay que intervenir también sobre las formas sociales de construir la masculinidad, y no limitarse a tratar al individuo una vez que aparece la crisis. Las políticas públicas deberían incorporar explícitamente la dimensión de género y generar condiciones para que los hombres puedan hablar del sufrimiento, pedir ayuda y recuperar vínculos.