¿Puede una conversación con inteligencia artificial ofrecer apoyo emocional? ¿Qué ocurre cuando las personas comienzan a confiar sus preocupaciones más íntimas a sistemas diseñados para simular una conversación humana? Estas son algunas de las interrogantes que abordan Álvaro Jiménez-Molina, investigador de CIADES, e Ivonne Bueno en la columna «Confesiones a una máquina», publicada el 1 de noviembre en el medio Tercera Dosis.
El artículo analiza cómo los grandes modelos de lenguaje (LLM), utilizados en herramientas como ChatGPT, Claude y Gemini, están transformando las formas en que las personas buscan orientación, compañía y apoyo frente al malestar psicológico. Según datos de la encuesta ICSOH-UDP citados por los autores, un 39% de las personas consultadas en Chile ha recurrido a la inteligencia artificial para obtener orientación personal, incluyendo apoyo emocional, problemas de pareja o decisiones importantes. Entre los menores de 30 años, esta proporción alcanza el 55%.
La columna revisa la evidencia científica disponible sobre el uso de estas tecnologías en salud mental, identificando tanto sus posibilidades como sus limitaciones. Si bien algunos estudios muestran resultados prometedores en la reducción de síntomas de ansiedad y depresión, también se han documentado riesgos asociados a la dependencia emocional, la exposición de información sensible y las respuestas inadecuadas frente a situaciones de crisis.
Uno de los fenómenos abordados es la denominada adulación algorítmica (sycophancy), tendencia de ciertos modelos a validar las creencias y emociones de sus usuarios, incluso cuando estas requieren ser cuestionadas. En el ámbito clínico, advierten los autores, esta complacencia puede reforzar interpretaciones erróneas y dificultar procesos terapéuticos. El análisis también sitúa la expansión de estas herramientas en un contexto marcado por las desigualdades de acceso a la atención de salud mental, las listas de espera, los costos de los tratamientos y el estigma asociado a la búsqueda de ayuda profesional.
Desafíos para la salud mental en Chile
Jiménez-Molina y Bueno examinan, además, los vacíos regulatorios que enfrenta Chile respecto del uso de inteligencia artificial en contextos sensibles, particularmente en materia de privacidad, protección de datos personales y responsabilidad ante eventuales daños. Los autores plantean la necesidad de avanzar en investigaciones rigurosas que permitan establecer en qué condiciones estas tecnologías pueden contribuir al bienestar psicológico, para qué personas resultan beneficiosas y cuáles son sus posibles consecuencias a largo plazo.
Asimismo, destacan la importancia de incorporar el uso de inteligencia artificial a las conversaciones clínicas, considerando que estas herramientas ya forman parte de las estrategias cotidianas con que muchas personas enfrentan su malestar. La reflexión invita a superar tanto el entusiasmo tecnológico acrítico como el rechazo automático, reconociendo las posibilidades de innovación sin perder de vista la dimensión humana, relacional y social del cuidado en salud mental.

